He estado dos meses sin publicar en el blog. Vaya por dios, en casa del herrero, cuchillo de palo. Si me sigues comprobarás que no hago más que insistir en todas partes de la importancia de mantener una frecuencia de publicación para conseguir atraer tráfico a la web. Y lo sigo manteniendo, es vital hacerlo. Pero va y resulta que yo misma no cumplo con esa recomendación. Muy mal, Eugenia. ¿Qué ha pasado? Me gustaría compartirlo con vosotros en este post.

 

 

Me ha venido a la cabeza la historia de “El mago de Oz”, ¿recuerdas? La protagonista, Dorothy, vivía en Kansas con sus tíos y su perro, Toto. Ella soñaba con un mundo mejor al otro lado del arco iris. Un día, a consecuencia de un tornado que sacudió la casa, el marco suelto de una ventana la golpeó y la dejó inconsciente. Dorothy cayó en un profundo sueño, en el que una bruja buena le indicó que tenía que seguir el camino de baldosas amarillas para llegar a la Ciudad Esmeralda, donde vivía el Mago de Oz. Él le ayudaría a regresar a su hogar en Kansas. Y en este camino la acompañaron el Espantapájaros, el Hombre de Hojalata y un León Cobarde, quienes deseaban que el Mago de Oz les concediera un cerebro, un corazón y valor, respectivamente.

 

Cuando decidí emprender mi proyecto como redactora de contenidos yo también soñaba con un mundo mejor al otro lado del arco iris. Dicho de otro modo, pretendía dar un giro a mi trayectoria profesional y dedicarme a lo que más me gusta en la vida: escribir. De eso hace justo ahora dos años. Comencé con muchas ganas, ilusión y fuerza. Además contaba con recursos para poder hacerlo y con apoyo incondicional en casa. ¿Qué más podía pedir?

 

Me convertí en autodidacta, investigué en Internet y empecé a conocer a figuras relevantes en este sector. Así fue como di con Roger García y su blog del redactor freelance. De inmediato me descargué su guía:”Cómo ganar dinero escribiendo por tu cuenta”, que me dio todas las claves que necesitaba para iniciarme. Nunca me cansaré de agradecer la labor que hace Roger en defensa de la figura del redactor freelance, dando información y herramientas para todos los que nos dedicamos a esto. Aunque nos conocemos virtualmente, te adelanto que muy pronto lo haremos en persona. El 1 de julio ambos estaremos en Madrid en el I Encuentro de Redactores Digitales, organizado por otros dos de mis referentes, Javi Pastor y Rosa Morel. Es un evento que por primera vez nos va a reunir a todos los que nos dedicamos a esto. ¡Qué ganas de que llegue el día!

 

Luego vinieron webinars varias y cursos sobre marketing de contenidos: SEO, blogging, analítica, redes sociales, diseño web… Me apunté a un curso presencial de WordPress y gracias a él yo misma diseñé mi primera web, que me permitió comenzar a trabajar la marca personal y me trajo los primeros clientes. ¡Fantástico! Todo iba rodado y parecía que iba a resultar más fácil de lo previsto. Me di de alta como autónoma, pude beneficiarme de la tarifa plana para nuevas incorporaciones. Comencé a ir a un espacio de coworking de Valencia varias veces por semana. A hacer contactos, o networking, como quieras llamarlo. Allí surgieron algunos trabajillos puntuales. Empecé a facturar. Subidón total.

 

 

De repente, el tornado

 

Hasta que se produjo el tornado, el golpe en la cabeza. Después de una temporada de mucho trabajo y satisfacción personal llegaron las vacas flacas. Un cliente me pidió bajar la frecuencia de publicación en su blog, otro tuvo una serie de problemas ajenos a mí que le obligaron a prescindir de mis servicios, finalicé el encargo que me había asignado un tercero, el cual generaba la mayor parte de mis ingresos. Hubo otro par de proyectos que no llegaron a cuajar.

Por otro lado, los clientes nuevos que llegaban me pedían cosas puntuales, para un mes y ya está, con lo cual no tenía una continuidad de trabajo. Comenzaron a bajar los ingresos, al tiempo que pasaban los meses y la tarifa plana de autónomos se iba volviendo más empinada, puesto que la cuota iba subiendo. Se me agotaban los ahorros. Houston, tenemos un problema.

Decidí quemar el último cartucho y apostarlo todo a una carta: me centraría en trabajar a tope mi marca personal para conseguir clientes a través de mi web. Por eso solicité los servicios de un profesional que conocí en el coworking y le pedí que me rediseñara la página. Trabajé el copywriting en los textos. Me abrí, por fin, un blog. El resultado, aquí lo estás viendo. Estoy muy contenta con esta nueva versión de redactoracontenidos.com

 

El espantapájaros vino con birrete

 

Pero el tornado también me dejó otra secuela: la sensación de que no estaba lo suficientemente preparada para desempeñar esta profesión. Y es que, cuanto más me metía en el mundo del marketing digital, más campos se me abrían y más cuenta me daba de todo lo que me faltaba por aprender. Y así fue cómo el espantapájaros salió a mi encuentro en este camino de baldosas amarillas particular.

Otra vez decidí arriesgarlo todo. Gracias a un préstamo que me hizo mi familia me inscribí en un posgrado de marketing digital. Así podría completar la formación que necesito. Comencé las clases en el mes de marzo, así que estoy en pleno curso. Estudiando, aprendiendo, desarrollando un proyecto de fin de posgrado junto a otras compañeras, maravillosas, que también se enfrentan a estos mismos obstáculos.

 

El león cobarde y solitario

 

¿Sabes una cosa? Tengo miedo. Sí, tengo mucho miedo. Miedo al fracaso, pero también al éxito. Miedo a no responder a lo que se espera de mí, miedo a no dar la talla profesional. Miedo a asumir una responsabilidad que no sé si sabré llevar. Miedo a la precariedad económica. El león cobarde también ha venido a verme y está siendo mi compañero en esta etapa del camino.

¿Y sabes otra cosa más? Una empresaria a la que entrevisté hace tiempo me lo dijo, lo peor de emprender es la soledad. Ahora doy sentido a esa frase. La soledad de no tener a nadie con quien resolver dudas, nadie que te alivie la carga de trabajo, nadie que te enseñe, nadie que te ayude a superar los obstáculos que van surgiendo… Nadie con quien poder hablar de ello.

Sí, está la pareja, la familia, los amigos. Pero ellos no conocen tu día a día, tu trabajo, ellos no te pueden ayudar cuando se te cae la web y no sabes por qué, cuando te enfrentas a la hoja en blanco y te da pánico, cuando necesitas información sobre un tema y no hay manera de encontrarla, cuando no llegan más clientes y no sabes dónde buscarlos… Ellos no pueden. Has de hacerlo sola.

Y ese miedo es el que me ha bloqueado durante estos dos meses para seguir actualizando el blog. Así te lo digo, a corazón abierto. Lo contrario sería una deshonestidad por mi parte y no estoy por la labor.

 

 

El hombre de hojalata

 

El hombre de hojalata deseaba poder  sentir. ¿Qué sucede en mi caso? Que intento hablarte de temas prácticos, útiles, que te sirvan y te ayuden en tu estrategia digital. Pero me doy cuenta de que les falta algo, y ese algo es corazón. Me faltaba hablar menos desde el púlpito y más en la arena. Me faltaba añadir mi esencia, mi experiencia vital,mi alma, en esos textos. Rosana me lo hizo ver, por eso le dediqué otro post que puedes leer ahora pinchando en este enlace.

Por eso puedo decirte que no, no soy ninguna gurú del marketing digital. Hay muchos y muy buenos, ya te los iré presentando. Pero sí he comprobado desde la experiencia los beneficios que aporta a una marca el trabajar una estrategia de contenidos. Y basándome en esa experiencia, en los conocimientos que voy adquiriendo y en la ilusión que me hace poder ayudarte, voy a continuar publicando las próximas semanas.

Me conmueve comprobar cómo, a pesar de todo lo que te acabo de contar, van aumentando mis seguidores en las redes sociales y cómo todos los que un día dieron al “me gusta” siguen ahí. Me emociona que tú también hayas llegado hasta aquí, que sigas confiando en mí. Por eso, por ti, por mí, voy a continuar con esta trayectoria, aunque tenga que desviarme un poco del rumbo que inicialmente me había marcado. La meta sigue siendo la misma. Gracias, mil veces gracias, por acompañarme.

 

Te dejo un bonus track para acabar: esta versión del “Somewhere over the Rainbow, del ya fallecido cantante hawaiano Israel “IZ” Kamakawiwo. Me encanta. ¿Y a ti?